Emigration en Argentine
à la recherche d'émigrants de la région St-Maurice - Evionnaz en Argentine 
El libro de la Colonia San José, de Héctor N. Guionet va por su tercera edición

Article sur ce livre paru dans EL DIARO 
N° 1945 Paraná - Entre Ríos - Argentina - Martes 14 de Mayo de 2002

 Tercera edición del libro sobre la Colonia San José

Una experiencia inédita en Entre Ríos

 • La Colonia San José Inmigrantes: memorias entre ríos e imágenes 1857-2000, es un libro autoría de Héctor Norberto Guionet, comentado en estas páginas en oportunidad de su aparición Guionet habla en su obra de una experiencia insólita del siglo XIX, la creación de un "falansterio", una comunidad singular que vivía del trueque, en Colonia Hugues

Esta extraña palabra significa edificación para actividades de gente que vive en comunidad. La recreación del falansterio siguiendo las ideas de François Fourier fue motivo de una nota años atrás en las páginas De Ayer para Hoy de esta Hoja, y de un programa televisivo en Historias de la Argentina Secreta. Hoy se publican fragmentos del capítulo Entre Ríos e Imágenes, Una experiencia inédita, en la que Guionet cuenta las características de esta singular experiencia de vida en comunidad.

Una experiencia inédita

(...)¿Era una asociación voluntaria de familias que vivían en comunidad?

—Nadie los obligaba; el que quería entraba, como en una cooperativa. Había formado un pueblito, una petite place, con los que lo seguían.

Con la energía de su tradición conservadora y de un catolicismo practicante y disciplinado que observaba, añadía alguna expresión subestimando la experiencia que, con desparpajo, realizaba una organización social con aroma socialista.

Total que el Establecimiento Agrícola-Industrial Durando, como una nueva experiencia concebida y fundada por el autodidacta "Monsieur Durando"—un buscador sin límites—fue prontamente motivo de las más variadas controversias en toda la región.

Su ideario estaba inspirado en François M.C. Fourier, pensador francés de comienzos del siglo XIX que imaginó una sociedad agrícola modelo donde todos sus miembros acordaba y compartían un trabajo planificado que apuntaba a su crecimiento, a su atención sanitaria y al desarrollo cultural común.

Hijo de Suiza, Jean Joseph Durando había nacido en Evionnaz, cantón de Vaud, donde transcurrieron los años de su infancia.

Cuando murió su madre Marie Louise Coquoz, en 1874, emigró a Sudamérica y se dirigió a Entre Ríos, donde trabajó de carpintero, relojero, herrero o leñador en las colonias que, como cuencas, abrazaban las cuchillas, surgidas a partir de la colonia madre San José y de los nuevos inmigrantes que siguieron la ruta que abrieron los pioneros el 2 de julio de 1857.

Comprometido con la aventura, atrapado por el futuro, es después su encuentro con los cielos de Hugues donde compra una propiedad. Dibujó en ella su concepción de comunidad organizada y regresó a Europa. Se casó entonces con una muchacha suiza del cantón de Vaud a la que había liberado de la postración con sus dotes sanadoras. Juntos, viajaron a Constantine, Argelia, donde residían familiares. De regreso, tal vez sin sorpresa, se encontró con la novedad de que debía abandonar Suiza por haber ejercido ilegalmente la medicina. Se trasladó entonces a la Haute Savoie y, más tarde, volvió a Colonia Hugues en la que pudo observar el adelanto de su establecimiento.

Su mujer Emma Pittet y su primongénita Josephine, al llegar expresaron con el polvo de los caminos aún en sus rostros radiantes, toda su capacidad de asombro ante una Obra que se les aparecía tan magnífica como insólita.

En Hugues, con un puñado de buscadores de la sociedad ideal, Jean Joseph había tocado esos umbrales casi prohibidos de lo diferente.

Confiados, dejaban fluir su imaginación como un mboretá que se abre, liberando sus semillas.

Su lenguaje, como el de quienes lo habían precedido, era también de pan. Por eso, otros, sintiendo el aliento cálido de renovadas promesas, apremiados económicamente y en aras de una esperanza, dejaron atrás el olor a pólvora y se dieron a la aventura de la emigración para dirigirse, confiados, hacia el exótico escenario sugrido con el nacimiento del "Falansterio" de Durando.

La comunidad agrícolo-industrial abarcaba dos centenares de hectáreas con lo que se hacía oír en términos de progreso económico.

Notre Père

Pensando tal vez que toda fe es una llave que abre puertas en el mundo, incluyó en su búsqueda el auxilio religioso a su numerosa comunidad a la que inducía, no a un hihilismo que negara toda creencia, pero sí—consciente de que todo se desarrolla en el interior del hombre —a un nuevo compromiso con la fe en lo que Grand Père proveía mostrando el camino por seguir cada vez que su interlocutor —Monsieur Durando—lo consultaba concentrándose en sus invocaciones al caer la tarde.

Su palabra era, entonces, la palabra de Dios. Ello así aunque cada vez que anunciaba: "Hablé con Mon Père, Notre Père o Le Grand Père", agregaba que también los demás podían lograr una comunicación directa con Él sin su intermediación.

El sentimiento religioso de la comunidad había encontrado un cauce por donde expresarse.

Se consideraba un tocado por la Providencia, su instrumento, inspirándose en Su amor para las curas o milagros para lo que era preciso la creencia, la fe en Dios. No cobraba porque —agregaba con humor—"Ése a quin consulta tampoco me pide nada". También, a veces, recetaba algún té o aconsejaba recursos de la medicina natural.

Más de un siglo atrás en que el aprendizaje de la tolerancia política y religiosa progresaba con la lentitud que madura una fruta, eran previsibles fuertes enfrentamientos.

Y los hubo.

Contrariado el abate de Hugues por la ausencia de Durando a la recepción del obispo, lo que generó mayor tensión, lo visitó para tratar de disuadirlo de continuar considerándose con el poder de comunicarse con Notre Père y transmitiendo a las personas la voluntad divina sobre cómo resolver sus cuestiones domésticas. No logró convencerlo y esto enojó aún más al cura católico. Se quejó entonces al párroco de Colón y al obispo de Paraná, de que el casi centenar de personas que vivían en el Establecimiento trabajaban los días de guardar, que había chicos sin bautizar y que no siempre recibían enseñanza religiosa. Señalaba al falansteriano Durando por sus prácticas, despectivamente, con el equívoco calificativo de "espiritista" aunque, con anterioridad, pudiera haberse interesado en el conocimiento del espiritismo. Decía combatirlo y haber logrado la deserción del Establecimiento de numerosas familias.

Pero Jean Joseph Durando, que conocía y había practicado los más diversos oficios, continuó desarrollando y vigilando sus asuntos mundanos. Y los del Más Allá, con la fortaleza mística de su corazón que, tal vez, creía iluminado.

Sus principios, con un toque de fragancia cooperativista y la embriaguez de la utópica organización social concebida por François Marie Charles Fourier, llevaban ahora el sello con la "D" del estilo Durando.

El Establecimiento producía prácticamente todo lo que se consumía, sembraron la tierra, cultivaron hortalizas, decenas de hectáreas con viñedos, fabricaban y vendían vehículos de transporte totalmente terminados, hacían reparaciones. Plantaron árboles frutales, se hacían ladrillos para la edificación, instalaron un molino harinero, contaba con carpintería, herrería, guardería zapatería, maquinarias agrícolas. Elaboraban vinos que conservaban en toneles, facturas de cerdo, "pan colon"*, orejones, licores, grapa, conservas. Los dulces, que envasaban y los que agasajaban a las ocasionales visitas. Y confeccionaban la ropa para todos.

Organización y Disciplina

Funcionaba también una Escuela de Primeras Letras, Artes y Oficios, considerada modelo y donde mujeres y varones aprendían diferentes oficios en forma teórica y práctica, además de música y matemáticas, haciéndose el estudio de la lengua en francés y castellano. Tenían también la oportunidad de integrar la tan importante como recordada Banda de Música que le daba un toque distintivo a la comunidad. A los exámenes finales que culminaban con una gran fiesta, asistían personalides y educadores de las colonias, de Colón, San José y Concepción del Uruguay. La prensa de la zona elogió la obra educativa del Establecimiento.

Se trató de un ideal del que toda la comunidad, sin excepciones, pariticipaba con alguna responsabilidad. Durando había logrado organización y disciplina en el trabajo, que eran características del pueblo suizo en particular. Las normas establecidas debían observarse estrictamente.

Esta organización vertical de la sociedad lo apartaba de la práctica ortodoxa del pensamiento de Fourier.

Una larga mesa con bancos caracterizaba el comedor de esta experiencia inédita durante la segunda mitad del siglo XIX donde el intercambio se hacía por artículos, no por dinero. No existía moneda en el Falansterio ya que todos trabajaban para la comunidad. Tampoco se permitían discriminaciones religiosas ni por nivel social. Durando tuvo una relación armoniosa con los vecinos y llegó a presidir la Liga para la Defensa Agrícola.

Por décadas desarrolló esta experiencia rural escudriñando en un mundo idealizado, con la imagen de una fiesta contenida.

Aparece con reminiscencias enraizadas en la cultura sumeria (3.000 a. C.), una de las civilizacionas más antiguas de la humanidad, en su búsqueda de una organización social con mayor dignidad humana. Su autobastecimiento fue un hecho indiscutible.

De nada sirve llorar lo no realizado: Jean Joseph Durando fue para los hijos de Entre Ríos alguien que tuvo la osadía, el coraje de abrir una huella.

Y esta experiencia forma también parte de su rica tradición. (..) Le sucedió al frente del Establecimientos por varios años alguien que había contado siempre con toda su confianza: Luis Jaton, casado con una de las primeras maestras del Falansterio. (...)

 


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